Es que estoy escéptico, Seat confidencial. Ya estoy harto de pasar consulta con los galenos que no aciertan a encontrar una solución para mi ojo izquierdo. ¿O será que porque estoy tan escéptico no termino de curarme el ojo? ¿Es que los médicos logran curar o es el cerebro crédulo el que logra poner en movimiento la glándula averiada para que estimule defensas? No me aclaro, amigo Seat, con esto de la salud y la enfermedad. Me intrigan esas curaciones repentinas, al menos rápidas, de personas crédulas. Pero yo soy muy incrédulo, agnóstico y escéptico, y tal vez por ello no termino de ver bien con mi ojo ya meses operado. Así que, en tu compañía que me comprendes, hoy te pido que me lleves al brujo, al naturista, a ese hombre con aires de sabio, brujo y curandero que hace maravillas a juzgar de cuantos han encontrado en él un poco de alivio de sus dolencias. Es que yo soy distinto, íntimo amigo. Ayer advertí que tu ojo derecho no lucía. Te cambié la bombilla y está como nuevo; pero yo soy distinto, sabes. A mí me cambiaron la bombilla de mi ojo izquierdo, pero me parece que no es admitida por el organismo. No sé si será que mis defensas la rechazan porque la ven ajena, o es debido a que un hongo se encuentra a gusto haciéndome la puñeta. Lo cierto es que estoy disgustado. Es que para mí el ver es como para tí el rodar. Yo trabajo con los ojos; tengo que mirar la mirada de las personas inquietas y la mirada la tengo que captar mirando a los ojos, a su manera de hablar, a sus modales y gestos. Si veo desdibujada la mirada, hierro en el diagnóstico. Así que he decidido ir al curandero, a esa persona que tiene algo de sacerdote, de mago, de médico.
Es el curandero, Seat curioso, un hombre de mediana edad. También me miró a los ojos y se encontraron nuestras miradas. Yo intentaba captar información para hacer mi diagnóstico y él me miraba para hacer el suyo. Algo raro noté en el encuentro de nuestras miradas, mutuamente escrutadoras. Cuantos trabajamos con la mirada, tenemos una fuerza especial en ella. Es como una lucha alimentada con preguntas y respuestas, atenta a los actos fallidos, a los titubeos, a las evasiones, a los silencios. El se callaba después de una pregunta y yo aguantaba el silencio, sin pretenderlo, en espera de una respuesta, porque yo he venido a consultar y a buscar respuestas. Se creó un momento un tanto embarazoso: el curandero en busca de preguntas y yo en busca de respuestas. Y, como un médico perezoso de la Seguridad Social, me despachó con unas hierbas como receta. Y es que así no puede ser. Hay que ir al médico, al curandero, como se va a Lourdes: con fe, con la seguridad de que allí está tu curación. Si no tienes fe no entrarás en el reino de los curados. Sólo si crees, tus dolencias serán curadas. ¿Y cómo se puede tener fe, Seat compañero? Tú no la necesitas. ¿O acaso sí? A ti, te duelen los pies y te cambio las cubiertas y ya está. Te rugen las tripas y te cambio el tubo de escape y ya estás más silencioso que sueño de niños. Estás inapetente y no quieres empezar a comer, te cambio la batería y ya estás tan hambriento como alpinista en la cumbre. Tengo que reconocer que en esto me aventajas. Tu cuerpo es más perfecto que mi cuerpo, tus ojos son más simples que mis ojos y tus pies son más ligeros que mis pies. Pero te falta la mirada. ¿O acaso tú también tienes mirada? Si no, no te preocupes. Tú estás lleno de mis miradas.
martes, 7 de abril de 2009
LA SAETA
¡Qué bien nos lo pasamos
-¿te acuerdas, Seat piadoso?-
aquellos días del mes de abril,
caminando entre
olivares,
peinetas y hachones!
Andalucía.
Pasamos la noche en vela
siguiendo a Jesús Nazareno
todos juntos,
en tropel.
Nos perdimos entre el gentío
en busca de no sé qué.
De pronto todo el mundo
Para. Contiene la respiración.
Un quejido de saeta rompe
en requiebros
la voz.
Ayes y lamentos,
¡Silencio!
!Emoción¡
Aplausos y redobles de tambor.
Procesión.
-¿te acuerdas, Seat piadoso?-
aquellos días del mes de abril,
caminando entre
olivares,
peinetas y hachones!
Andalucía.
Pasamos la noche en vela
siguiendo a Jesús Nazareno
todos juntos,
en tropel.
Nos perdimos entre el gentío
en busca de no sé qué.
De pronto todo el mundo
Para. Contiene la respiración.
Un quejido de saeta rompe
en requiebros
la voz.
Ayes y lamentos,
¡Silencio!
!Emoción¡
Aplausos y redobles de tambor.
Procesión.
viernes, 3 de abril de 2009
El desguace
No quiero que mueras del todo, Seat. He donado tus órganos. Este era tu deseo cuando el jefe del taller nos informó de que tu final había llegado. Adiós, Seat fiel, amigo, compañero de tantas soledades y andanzas. Tú nunca morirás del todo puesto que permaneces en mi recuerdo.
Han querido empezar extrayendo los ojos, la matrícula y el distintivo de raza. Yo me opuse. "Eso lo último"-dije. ¡Hay que ver lo que nos cambia el perder los ojos! Es como poner un muro entre el alma y el cuerpo, entre la vida y la muerte. Decidieron, ante mi empecinamiento, comenzar por los órganos internos. El carburador, la bomba del agua, la de los frenos... "Pero si todo está bien, entonces ¿por qué su muerte?"‑me decía. Todos sus órganos parecían en buen estado pero faltaba la coordinación. Un órgano se cambia cuando envejece, pero la coordinación de todos no se puede cambiar. Es algo genético, donde está escrito el destino final. ¡Es la ley de la vida! ‑pensaba. Existir para dejar de ser. Otros nos seguirán. Pero sus servicios prestados son como libros escritos que ahí quedan para hablarnos de él. Estos son irrepetibles, nadie los puede sustituir. Seguirán habiendo sonrisas y lágrimas, pero no serán sus sonrisas ni sus lágrimas, serán otras, distintas. Nunca la especie logrará borrar el recuerdo del individuo por mucho que se prolongue en el calendario. Es la muerte como un divorcio de la vida donde los nuevos recuerdos, las nuevas vivencias, no conseguirán desvanecer las vivencias, ni los recuerdos habidos en el amor.
Han querido empezar extrayendo los ojos, la matrícula y el distintivo de raza. Yo me opuse. "Eso lo último"-dije. ¡Hay que ver lo que nos cambia el perder los ojos! Es como poner un muro entre el alma y el cuerpo, entre la vida y la muerte. Decidieron, ante mi empecinamiento, comenzar por los órganos internos. El carburador, la bomba del agua, la de los frenos... "Pero si todo está bien, entonces ¿por qué su muerte?"‑me decía. Todos sus órganos parecían en buen estado pero faltaba la coordinación. Un órgano se cambia cuando envejece, pero la coordinación de todos no se puede cambiar. Es algo genético, donde está escrito el destino final. ¡Es la ley de la vida! ‑pensaba. Existir para dejar de ser. Otros nos seguirán. Pero sus servicios prestados son como libros escritos que ahí quedan para hablarnos de él. Estos son irrepetibles, nadie los puede sustituir. Seguirán habiendo sonrisas y lágrimas, pero no serán sus sonrisas ni sus lágrimas, serán otras, distintas. Nunca la especie logrará borrar el recuerdo del individuo por mucho que se prolongue en el calendario. Es la muerte como un divorcio de la vida donde los nuevos recuerdos, las nuevas vivencias, no conseguirán desvanecer las vivencias, ni los recuerdos habidos en el amor.
Este es, mi cosuelo,
nuestro consuelo, ante el paso último: perpetuarse en alguien de alguna manera. Y allí seguí hablando conmigo mismo ‑ya que tú ibas dejando de ser como padre a la puerta del quirófano pero sin esperanza de tu renacer. Hasta la última pieza vi sacar de tus entrañas. Un chasis, una pierna aquí y la otra allá, los faros encima del capot de otro, reclinados sobre sí mismos, apagados, quietos. Mis ojos se cerraron sin yo notarlo, húmedos, tristes. Era el final. Descansa en paz con mis recuerdos y queden tus servicios grabados en el viento de Castilla, de Levante, De las Galias y de Portugal, que tantas veces te refrescaron, que en mi memoria ya lo están.
nuestro consuelo, ante el paso último: perpetuarse en alguien de alguna manera. Y allí seguí hablando conmigo mismo ‑ya que tú ibas dejando de ser como padre a la puerta del quirófano pero sin esperanza de tu renacer. Hasta la última pieza vi sacar de tus entrañas. Un chasis, una pierna aquí y la otra allá, los faros encima del capot de otro, reclinados sobre sí mismos, apagados, quietos. Mis ojos se cerraron sin yo notarlo, húmedos, tristes. Era el final. Descansa en paz con mis recuerdos y queden tus servicios grabados en el viento de Castilla, de Levante, De las Galias y de Portugal, que tantas veces te refrescaron, que en mi memoria ya lo están.
viernes, 27 de marzo de 2009
Qué sola es la soledad
Qué sola es la soledad
Sin nadie a quien mirar
Sin palabra que pronunciar
Sólo con el recuerdo a solas
Qué sola resulta la soledad.
Existen diversas soledades:
Soledad de amigo
Soledad de amor
Soledad anónima,
Soledad de dolor.
Todas las soledades
Son fuentes de soledad
Densas como niebla densa
Calladas como soledad de dos
Con la realidad congelada
Donde no se oye el dolor.
Sólo la soledad acompaña
Sin murmullo
Sin latido
Sin movimiento
Sin vida
Sin razón
Sin nadie a quien mirar
Sin palabra que pronunciar
Sólo con el recuerdo a solas
Qué sola resulta la soledad.
Existen diversas soledades:
Soledad de amigo
Soledad de amor
Soledad anónima,
Soledad de dolor.
Todas las soledades
Son fuentes de soledad
Densas como niebla densa
Calladas como soledad de dos
Con la realidad congelada
Donde no se oye el dolor.
Sólo la soledad acompaña
Sin murmullo
Sin latido
Sin movimiento
Sin vida
Sin razón
viernes, 20 de marzo de 2009
Yerba Humana
¡Yerba frágil,
de vida tenue,
con sed de arroyos,
y mañanas con soles!
La brisa al anochecer
te cubre de rocío
y de luna llena,
con reflejos de estrellas
y murmullos de campo.
Tu ser es estar,
con sentido de fenecer.
Otras yerbas de compañía,
suman contigo prados y
repiten amaneceres.
Los mismos llantos,
iguales temores,
te cercan a las estrellas
mirando al recuerdo
única huella de haber pasado.
Conoces estaciones,
de nieves, viento y agua,
Estás sola en aqueste lugar,
junto al arroyo,
sin más horizonte que el camino,
y sin más ánimo que seguir estando.
Es tu ser un estar feneciendo,
pues seguir siendo
y sin camino estando,
yerto queda en el aire
tu encanto.
La luz de ti tira,
sin lograr alzarte del suelo,
y tú sigues sujeta a la tierra
para hacer más lento el retorno.
Entre tu ser y tu nada,
-hierba humana-
unos cuantos amaneceres
y unos cuantos soles, sólo,
te separan.
de vida tenue,
con sed de arroyos,
y mañanas con soles!
La brisa al anochecer
te cubre de rocío
y de luna llena,
con reflejos de estrellas
y murmullos de campo.
Tu ser es estar,
con sentido de fenecer.
Otras yerbas de compañía,
suman contigo prados y
repiten amaneceres.
Los mismos llantos,
iguales temores,
te cercan a las estrellas
mirando al recuerdo
única huella de haber pasado.
Conoces estaciones,
de nieves, viento y agua,
Estás sola en aqueste lugar,
junto al arroyo,
sin más horizonte que el camino,
y sin más ánimo que seguir estando.
Es tu ser un estar feneciendo,
pues seguir siendo
y sin camino estando,
yerto queda en el aire
tu encanto.
La luz de ti tira,
sin lograr alzarte del suelo,
y tú sigues sujeta a la tierra
para hacer más lento el retorno.
Entre tu ser y tu nada,
-hierba humana-
unos cuantos amaneceres
y unos cuantos soles, sólo,
te separan.
sábado, 14 de marzo de 2009
Cuerpos Jovenes
CUERPOS JOVENES
¡Jóvenes gráciles, todavía jóvenes,
confiadas en la búsqueda
de un tú joven con quien vivir!
Cuerpos jóvenes,
con ritmo y alegría,
blancos cuerpos jóvenes,
llenos de mañanas y de soles,
de estrellas en la noche
cuando el tú se hace yo
y el yo se pierde en el tú amado.
Buscáis miradas en vuestra ternura
dando ternura en vuestros ojos,
ocultos en cabellos tímidos, limpios,
recién lavados.
Vuestro encuentro desafortunado
en el bosque del misterio humano
rompe en el lago hondo
vuestro rostro a pedradas
y desgarran toda vuestra ternura
con zarpazos inhumanos.
Jóvenes gráciles,
todavía jóvenes:
vuestra muerte en la noche oscura
os hacen mártires jóvenes,
llenas de misterio,
de asombro,
de interrogantes.
¡Jóvenes gráciles, todavía jóvenes,
confiadas en la búsqueda
de un tú joven con quien vivir!
Cuerpos jóvenes,
con ritmo y alegría,
blancos cuerpos jóvenes,
llenos de mañanas y de soles,
de estrellas en la noche
cuando el tú se hace yo
y el yo se pierde en el tú amado.
Buscáis miradas en vuestra ternura
dando ternura en vuestros ojos,
ocultos en cabellos tímidos, limpios,
recién lavados.
Vuestro encuentro desafortunado
en el bosque del misterio humano
rompe en el lago hondo
vuestro rostro a pedradas
y desgarran toda vuestra ternura
con zarpazos inhumanos.
Jóvenes gráciles,
todavía jóvenes:
vuestra muerte en la noche oscura
os hacen mártires jóvenes,
llenas de misterio,
de asombro,
de interrogantes.
Separación
Cada día con el mismo cantar
por la senda de la vida
Hastío? Cansancio?...Monotonía.
Llega el marido.
Partido de fútbol en Televisión.
En la cocina chasquidos de platos.
Gol en el salón.
-Hasta mañana.
-Adiós.
-No me dice nada tu compañía.
-Ya.
-Separación.
-Bueno.
-Esto para ti.
-Bien.
-Eso para mí.
-Vale.
-¿Y los hijos?
¡ Maldición!
-Ya son mayores.
Que escojan elijan.
! Confusión¡
-A los ocho años no hay elección.
-Irán conmigo.
-Vale.
-Una semana tú, otra yo.
-Puede ser
-Vamos ver.
martes, 10 de marzo de 2009
El Entierro
Con precisión de lo seguro,
de lo permanente y que no falla,
a la hora marcada
de las cinco de la tarde por el sol,
cuando fuera todo gira con pasmosa igualdad,
como si nada hubiere ocurrido dentro,
-una hoja más, ¿qué más da?-
cerraste los ojos,
dejaste de respirar.
Te has muerto, ser querido,
desconocido por los demás.
Fue larga la agonía,
preámbulo de la gran sinfonía,
de la eternidad.
Y ahora, ¿dónde estás?
En el recuerdo de tus amigos,
pero ¿en otra parte o estado además?
Descanso en tu sufrir y en el sufrir de los demás.
Cuando las cosas han de suceder no hay por qué alargar.
Lo que ha de suceder, llegado el tiempo de la recogida de la fruta, cuanto antes mejor.
¿Para qué alargar lo que ha de suceder?
Nueve sacerdotes, o brujos, o hechiceros -¿qué más da?- luchaban por explicar tu partida.
¡Explicar la muerte! ¿Es que la muerte se puede explicar?
Amigos que recuerdan tus cosas, cómo tú te comportabas con las cosas. Alabanzas, desconsuelo, resignación -¿para qué dar coces contra el aguijón?- rebeldía, desilusión. Es la vida ¿desesperación por no encontrar forma de conjugar conciencia con separación, recuerdo con vida, vida con muerte?
Cercano al templo, el cementerio. Unas piedras, unos nombres, unas fechas. Engranajes de una misma rueda con dientes siempre que añadir. Tú un diente más de esta rueda sin fin. Un hoyo en el suelo -un nicho- con tu pasado por colchón. Dispuesta a hacer tú de quien te siga de amortiguación.
Da menos miedo, menos pavor, el acurrucarte con los tuyos ante el gran zarpazo de la vida a …¿la nada? ¿a la eternidad? ¿a la tierra de donde dice el sacerdote que has salido?.
Es como si te dieran la mano para cruzar un paso difícil. Que descanses en amigo dewconocido. En mi recuerdo seguirás y que tu energía me acompañe en esta lucha que es el seguir viviendo sabiendo que también yo he de morir.
21 de agosto 1992
de lo permanente y que no falla,
a la hora marcada
de las cinco de la tarde por el sol,
cuando fuera todo gira con pasmosa igualdad,
como si nada hubiere ocurrido dentro,
-una hoja más, ¿qué más da?-
cerraste los ojos,
dejaste de respirar.
Te has muerto, ser querido,
desconocido por los demás.
Fue larga la agonía,
preámbulo de la gran sinfonía,
de la eternidad.
Y ahora, ¿dónde estás?
En el recuerdo de tus amigos,
pero ¿en otra parte o estado además?
Descanso en tu sufrir y en el sufrir de los demás.
Cuando las cosas han de suceder no hay por qué alargar.
Lo que ha de suceder, llegado el tiempo de la recogida de la fruta, cuanto antes mejor.
¿Para qué alargar lo que ha de suceder?
Nueve sacerdotes, o brujos, o hechiceros -¿qué más da?- luchaban por explicar tu partida.
¡Explicar la muerte! ¿Es que la muerte se puede explicar?
Amigos que recuerdan tus cosas, cómo tú te comportabas con las cosas. Alabanzas, desconsuelo, resignación -¿para qué dar coces contra el aguijón?- rebeldía, desilusión. Es la vida ¿desesperación por no encontrar forma de conjugar conciencia con separación, recuerdo con vida, vida con muerte?
Cercano al templo, el cementerio. Unas piedras, unos nombres, unas fechas. Engranajes de una misma rueda con dientes siempre que añadir. Tú un diente más de esta rueda sin fin. Un hoyo en el suelo -un nicho- con tu pasado por colchón. Dispuesta a hacer tú de quien te siga de amortiguación.
Da menos miedo, menos pavor, el acurrucarte con los tuyos ante el gran zarpazo de la vida a …¿la nada? ¿a la eternidad? ¿a la tierra de donde dice el sacerdote que has salido?.
Es como si te dieran la mano para cruzar un paso difícil. Que descanses en amigo dewconocido. En mi recuerdo seguirás y que tu energía me acompañe en esta lucha que es el seguir viviendo sabiendo que también yo he de morir.
21 de agosto 1992
Soledad
Urdimbre afectiva
la tejida por amor
que tan dentro muerde,
y cuando se pierde
produce dolor.
Estar en desamor
es algo así como
vaciarte por dentro
y dejar sin resonancia
una caja musical.
¿Qué notas vas a dar
si quitas el eco al
instrumento musical?
¿Qué vida se puede tener
sin un tú a quien querer?
(año dos mil)
Soledad sin a quien ver
no es del todo soledad.
Es soledad no tener
a nadie a quien querer,
Recuerdan los vivos
a los suyos de ayer
y en compañía se sienten,
no en soledad,
de quien no pueden ver.
la tejida por amor
que tan dentro muerde,
y cuando se pierde
produce dolor.
Estar en desamor
es algo así como
vaciarte por dentro
y dejar sin resonancia
una caja musical.
¿Qué notas vas a dar
si quitas el eco al
instrumento musical?
¿Qué vida se puede tener
sin un tú a quien querer?
(año dos mil)
Soledad sin a quien ver
no es del todo soledad.
Es soledad no tener
a nadie a quien querer,
Recuerdan los vivos
a los suyos de ayer
y en compañía se sienten,
no en soledad,
de quien no pueden ver.
lunes, 9 de marzo de 2009
Día a día
En la estera de la entrada
dejo mis pisadas cansadas.
de mi diario caminar.
Vida monótona,
sin sonrisas ni llantos,
satisfacción en el estómago,
piernas dormidas de no caminar.
Trajes arrugados,
miradas sin mirar,
papeles de rutina,
caras cansadas
por no tener a quién mirar.
Niños ya jóvenes en el metro,
jóvenes ya viejos en el andar.
Aburrimiento en los pupitres.
Desilusión en la cátedra.
Nómina de fin de mes.
Recibos, pagos,
supermercados,
para seguir caminando.
Despertador por la mañana,
televisión por la noche,
y luego sueños,
sueños sin tener en qué soñar.
Ya sé mi mañana,
ayer repetido,
Presente puro,
bestial,
esperando la sombra de la noche
donde poderlo enterrar.
Vida.
Soledad.
dejo mis pisadas cansadas.
de mi diario caminar.
Vida monótona,
sin sonrisas ni llantos,
satisfacción en el estómago,
piernas dormidas de no caminar.
Trajes arrugados,
miradas sin mirar,
papeles de rutina,
caras cansadas
por no tener a quién mirar.
Niños ya jóvenes en el metro,
jóvenes ya viejos en el andar.
Aburrimiento en los pupitres.
Desilusión en la cátedra.
Nómina de fin de mes.
Recibos, pagos,
supermercados,
para seguir caminando.
Despertador por la mañana,
televisión por la noche,
y luego sueños,
sueños sin tener en qué soñar.
Ya sé mi mañana,
ayer repetido,
Presente puro,
bestial,
esperando la sombra de la noche
donde poderlo enterrar.
Vida.
Soledad.
domingo, 8 de marzo de 2009
Cuando la muerte está a la puerta
Cuando la muerte te acecha
"No creemos ya en la inmortalidad del alma, y la muerte nos aterra a todos, a todos nos acongoja y amarga el corazón la perspectiva de la nada de ultratumba, del vacío eterno"
(Unamuno)
Cuando la muerte te acecha en forma de carcinoma, se bloquea la lógica, el afecto rompe lazos para no herir luego al tener que cortarlos con forzosas despedidas. Cuando la muerte te acecha se suda más que de costumbre, gotas gordas e insípidas, no sé si de sudor o de sangre, con sabor a metal, la cara adquiere un color cerúleo, los ojos una expresión entre asustados y heridos, todo el rostro parece expresar el miedo al vacío, al vacío de la mirada, a la mirada de la nada. Lentamente te vas alejando de la vida, te vas desprendiendo de las cosas, llegan momentos sin ilusión, como si quisieras quitar prólogos a un final cierto. ¡"Hay que joderse!" -dijo como últimas palabras mi suegro. "¡Qué putada! esto de la vida y de la muerte" –digo yo. Ni en la fe ni en la mente encuentras consuelo. Sólo un atisbo en el verso.
La vida consciente es una tragedia. Esta vida es un embarque hacia la nada con sobresaltos continuos ante las amenazas de la salud. A cualquier edad, desde que naces hasta que desapareces, te aterra la enfermedad. Esos niños con la cabeza sin un pelo, es decir, con tumores que les van acompañando en el recorrido por este desierto de dichas, oasis de dolores, esos mayores que van cumpliendo años siempre huyendo, incluso con el pensamiento, de los peligros que continuamente les acechan, que siempre estiman lo vivido como un suspiro que duró no más que una noche corta en una mala posada, y cuando ha cumplido con sus deberes de especie se ven amenazados sin posibilidad de huir de la muerte. Todo ello no hay quien lo case con un providencia que cuida hasta del último pelo de nuestra cabeza. No hay más refugio en esta vida cuando la amenaza se hace realidad que la desesperanza, la angustia, la congoja y la desesperación.
Siempre la especie gana. El individuo pierde. Pero a mí lo que me importa es mi Yo, el sujeto de recuerdos, de la niñez guardada en recovecos de la mente, la mirada de los que te dicen algo.
"No creemos ya en la inmortalidad del alma, y la muerte nos aterra a todos, a todos nos acongoja y amarga el corazón la perspectiva de la nada de ultratumba, del vacío eterno"
(Unamuno)
Cuando la muerte te acecha en forma de carcinoma, se bloquea la lógica, el afecto rompe lazos para no herir luego al tener que cortarlos con forzosas despedidas. Cuando la muerte te acecha se suda más que de costumbre, gotas gordas e insípidas, no sé si de sudor o de sangre, con sabor a metal, la cara adquiere un color cerúleo, los ojos una expresión entre asustados y heridos, todo el rostro parece expresar el miedo al vacío, al vacío de la mirada, a la mirada de la nada. Lentamente te vas alejando de la vida, te vas desprendiendo de las cosas, llegan momentos sin ilusión, como si quisieras quitar prólogos a un final cierto. ¡"Hay que joderse!" -dijo como últimas palabras mi suegro. "¡Qué putada! esto de la vida y de la muerte" –digo yo. Ni en la fe ni en la mente encuentras consuelo. Sólo un atisbo en el verso.
La vida consciente es una tragedia. Esta vida es un embarque hacia la nada con sobresaltos continuos ante las amenazas de la salud. A cualquier edad, desde que naces hasta que desapareces, te aterra la enfermedad. Esos niños con la cabeza sin un pelo, es decir, con tumores que les van acompañando en el recorrido por este desierto de dichas, oasis de dolores, esos mayores que van cumpliendo años siempre huyendo, incluso con el pensamiento, de los peligros que continuamente les acechan, que siempre estiman lo vivido como un suspiro que duró no más que una noche corta en una mala posada, y cuando ha cumplido con sus deberes de especie se ven amenazados sin posibilidad de huir de la muerte. Todo ello no hay quien lo case con un providencia que cuida hasta del último pelo de nuestra cabeza. No hay más refugio en esta vida cuando la amenaza se hace realidad que la desesperanza, la angustia, la congoja y la desesperación.
Siempre la especie gana. El individuo pierde. Pero a mí lo que me importa es mi Yo, el sujeto de recuerdos, de la niñez guardada en recovecos de la mente, la mirada de los que te dicen algo.
miércoles, 4 de marzo de 2009
La mujer Fuerte
Qué fuerte es tu temple, mujer,
que a morir juegas,
sólo por dar vida.
No te adredas ante la muerte
si es tu hijo quien la desafía
y pasas la noche en vela
lagrimas dando en tu mirada
y también vida.
Qué temple el de tu ánimo,
que al ver de tu hija
marchar pies y manos,
le ofreces las tuyas,
muñones tiernos todavía,
para seguir caminando.
Qué temple el de tu espíritu,
que maltrecha por la absurdez
de monstruos humanos,
sigues por la vida luchando.
Y te asomas a la ventana,
siendo ya para otros de noche,
buscando en las estrellas
no sé si "porqués"
o el norte
nota:
Poesía ganadora del primer premio en un concurso municipal. Está dedicada a la madre (y la hija) de Irene Villa
que a morir juegas,
sólo por dar vida.
No te adredas ante la muerte
si es tu hijo quien la desafía
y pasas la noche en vela
lagrimas dando en tu mirada
y también vida.
Qué temple el de tu ánimo,
que al ver de tu hija
marchar pies y manos,
le ofreces las tuyas,
muñones tiernos todavía,
para seguir caminando.
Qué temple el de tu espíritu,
que maltrecha por la absurdez
de monstruos humanos,
sigues por la vida luchando.
Y te asomas a la ventana,
siendo ya para otros de noche,
buscando en las estrellas
no sé si "porqués"
o el norte
nota:
Poesía ganadora del primer premio en un concurso municipal. Está dedicada a la madre (y la hija) de Irene Villa
Despedida
Déjame, entrañable amiga, un poco más a tu lado para oír tu silencio tan cargado de recuerdos. Desde el año 69 han pasado ya unos cuantos años que han ido tejiendo nuestra amistad, formando una urdimbre afectiva que hace difícil saber dónde acaban tus sentimientos y dónde comienzan los míos.
Hemos regresado a casa, los cuatro, como huérfanos llorosos, sin más diálogo que el suspiro, sin más alivio que tu recuerdo. Hoy, mi casa -tu casa- está más pobre. Hoy, cada uno de nosotros está más solo. Pretendo trascender esta situación. Tu recuerdo, en la distancia, se agrandará; tu presencia en la ausencia, será más presencia. Misterio de la vida. Sorpresa de la amistad.
Quiero creer que los aires de nuestro León te darán nuevos bríos para remontar la subida al Monte Carmelo, que la presencia de los tuyos suavizará la pendiente y que la compañía de Blanca -misterio de mujer- te hará sentir más arropada, más segura.
Sábeme constantemente a tu lado, en actitud de escuchar, no sé si el ALELUIA de Händel o el REQUIEM de Verdi, o de los dos a un tiempo, porque tal parece ser el agridulce de nuestro vivir.
Hemos regresado a casa, los cuatro, como huérfanos llorosos, sin más diálogo que el suspiro, sin más alivio que tu recuerdo. Hoy, mi casa -tu casa- está más pobre. Hoy, cada uno de nosotros está más solo. Pretendo trascender esta situación. Tu recuerdo, en la distancia, se agrandará; tu presencia en la ausencia, será más presencia. Misterio de la vida. Sorpresa de la amistad.
Quiero creer que los aires de nuestro León te darán nuevos bríos para remontar la subida al Monte Carmelo, que la presencia de los tuyos suavizará la pendiente y que la compañía de Blanca -misterio de mujer- te hará sentir más arropada, más segura.
Sábeme constantemente a tu lado, en actitud de escuchar, no sé si el ALELUIA de Händel o el REQUIEM de Verdi, o de los dos a un tiempo, porque tal parece ser el agridulce de nuestro vivir.
martes, 3 de marzo de 2009
Un día de Colegio
Tu hermanastra, Seat servicial, está en revisión. Ha cumplido cincuenta mil kilómetros y dice que necesita ir al mecánico. Los tiempos cambian, amigo mío, y las revisiones mecánicas se han hecho tan necesarias como las revisiones médicas. Así que hoy me tienes que llevar al trabajo. Te conduciré con suavidad, sin competencias. Ya sé que no te gusta adelantar. ¿No será porque te ganan los más modernos? No te preocupes, viejo amigo, que yo no te cambio por ninguno. Vienen muy bien equipados -dicen- llenos de electrónica y faros. Sólo es para presumir. Tú y yo, con dos ojos cada uno, tenemos suficiente. Aunque siento no tenerlos más agudos para ver a distancia la muerte. Ya sabes, Seat querido, que la velocidad va dejando cada día a muchos tirados en el asfalto. ¿Por qué querrá la gente morir tan de prisa? Tú y yo iremos despacio a ver muchos niños, llenos de risas y bromas. No te preocupes si te hacen algún guiño de chanza. Es que ya no te conocen. ¡Eres tan viejo!
Mira los pequeños, unos apenas si han dado los primeros pasos, otros son ya adolescentes y algunos ya están con su enamoramiento a cuestas. La vida, la vida, confidente amigo, sigue y sigue, aunque cada vez con menos instinto. Parece como si vinieran al colegio para aprender a vivir sin instintos que es lo mismo que sin ilusiones, porque las han ido perdiendo al convivir en un mundo desilusionado. Mira, ese que está tan triste es que ha suspendido geografía por no saber por dónde pasaba el Danubio; aquel, por haber olvidado el año de la batalla del Guadalete, y esos de ahí, por no saber distinguir bien el complemento directo del complemento circunstancial. ¡Qué tonterías perder la sonrisa un niño por no saber esas cosas! Pero es que aquí, en este país, se da mucha importancia a todo eso.
Apreciarás que vienen muy bien vestidos, con zapatillas y cazadoras de marca. El tener, amigo Seat, el tener es un distintivo que les compensa su pobre ser. No, no les atrae ilusión alguna. Unos estudian porque sus padres les dejen en paz y no haya disputas ni privaciones en casa; otros lo hacen para obtener la moto que les hace tanta ilusión y otros para ver si logran ganar mucho dinero como sus padres. Estas son las motivaciones dominantes en nuestros centros de enseñanza. La verdad es que hay que tener paciencia para llenar la cabeza de tanto pasado. Lo útil ha ahogado a lo bello y es que lo bello, Seat ilustrado, no se puede aprender; hay que mamarlo.
Mira los pequeños, unos apenas si han dado los primeros pasos, otros son ya adolescentes y algunos ya están con su enamoramiento a cuestas. La vida, la vida, confidente amigo, sigue y sigue, aunque cada vez con menos instinto. Parece como si vinieran al colegio para aprender a vivir sin instintos que es lo mismo que sin ilusiones, porque las han ido perdiendo al convivir en un mundo desilusionado. Mira, ese que está tan triste es que ha suspendido geografía por no saber por dónde pasaba el Danubio; aquel, por haber olvidado el año de la batalla del Guadalete, y esos de ahí, por no saber distinguir bien el complemento directo del complemento circunstancial. ¡Qué tonterías perder la sonrisa un niño por no saber esas cosas! Pero es que aquí, en este país, se da mucha importancia a todo eso.
Apreciarás que vienen muy bien vestidos, con zapatillas y cazadoras de marca. El tener, amigo Seat, el tener es un distintivo que les compensa su pobre ser. No, no les atrae ilusión alguna. Unos estudian porque sus padres les dejen en paz y no haya disputas ni privaciones en casa; otros lo hacen para obtener la moto que les hace tanta ilusión y otros para ver si logran ganar mucho dinero como sus padres. Estas son las motivaciones dominantes en nuestros centros de enseñanza. La verdad es que hay que tener paciencia para llenar la cabeza de tanto pasado. Lo útil ha ahogado a lo bello y es que lo bello, Seat ilustrado, no se puede aprender; hay que mamarlo.
lunes, 2 de marzo de 2009
Mi ciprés de Silos (2)
Ciprés de Silos,
fraile a la fuerza:
hoy movías tus brazos
hartos de tanta pureza.
Te han enclaustrado,
ciprés austero,
y te han vestido
con hábito de piedra.
Para tu consuelo
-y para tu engaño-
un chorro de agua
en el patio.
El peregrino se mira
en tu mirar al cielo
y el pájaro,
en tu estar tan quedo,
se cobija.
Yo, con Gerardo,
te canto.
Eres un solitario
cargado de siglos,
de salmodias y de cantos.
Te asomas por el tejado,
-quieres salir-
y quitado el hábito,
liberarte de austeridades,
de cilicios y gregorianos.
Sin horario de vísperas ni completas,
sin sombras de arcos;
sentir al aire entrarte
por los cuatro costados.
Mecer al viento
tus mil brazos
y mostrar tu cuerpo,
libre de harapos.
Ciprés solitario,
de arcos harto
y de salmodias engañado:
salta,
huye por el tejado
a juntarte con otros cipreses;
que de célibes es
soportar el claustro.
fraile a la fuerza:
hoy movías tus brazos
hartos de tanta pureza.
Te han enclaustrado,
ciprés austero,
y te han vestido
con hábito de piedra.
Para tu consuelo
-y para tu engaño-
un chorro de agua
en el patio.
El peregrino se mira
en tu mirar al cielo
y el pájaro,
en tu estar tan quedo,
se cobija.
Yo, con Gerardo,
te canto.
Eres un solitario
cargado de siglos,
de salmodias y de cantos.
Te asomas por el tejado,
-quieres salir-
y quitado el hábito,
liberarte de austeridades,
de cilicios y gregorianos.
Sin horario de vísperas ni completas,
sin sombras de arcos;
sentir al aire entrarte
por los cuatro costados.
Mecer al viento
tus mil brazos
y mostrar tu cuerpo,
libre de harapos.
Ciprés solitario,
de arcos harto
y de salmodias engañado:
salta,
huye por el tejado
a juntarte con otros cipreses;
que de célibes es
soportar el claustro.
domingo, 1 de marzo de 2009
Ciprés de Silos (1)
Es tu mirar al cielo,
verde Ciprés de mi cementerio,
esperanza de mi eterna soledad.
Acompaña y consuela
mis negras y largas horas de sueño,
Ciprés austero,
y muta en claro día
esta húmeda noche sin estrellas
de largas horas negras.
verde Ciprés de mi cementerio,
esperanza de mi eterna soledad.
Acompaña y consuela
mis negras y largas horas de sueño,
Ciprés austero,
y muta en claro día
esta húmeda noche sin estrellas
de largas horas negras.
sábado, 28 de febrero de 2009
Elegía por una Amiga
Salí con tu amistad por la mañana y de día
sintiéndote ya ida.
All llegar la noche encontré tu frente fría
con la mirada caída y toda el alma en pena.
Ya mis ojos no encontraban eco en tus ojos,
ni tu mirar de mar azul era ya tu mirar
Tu voz de ternura antes era como suspiros
por seguir en esta vida.
Tu vientre por las malas células carcomido
ahogaba tu vivir de abnegación tan lleno
y en tu frente de la muerte el sudor presumido
anunciaba el fin de tu vida.
Tus pasos que antaño eran ágiles y seguros,
se han vuelto vacilantes, torpes y lentos,
topando como si en el aire hubiera muros
que rechazaban de vivir todos tus intentos.
Tú que siempre has sido comprensión, luz y servicio.
Encontrarás en la hora postrera a tu amigo
hincado de rodillas con fervor de novicio,
rogándote, Sina eterna, estés siempre conmigo .
Tú que siempre has ido por la vida vida dando,
te encuentras ahora sola sin fuerzas ni aliento
Solo se está cuando la muerte viene andando
sin más bagaje que mi plegaria en tu aposento.
Cuando logres traspasar del tiempo la frontera
y sola te veas cara a cara con la eternidad
repleta de buenas obras llevas la cartera
para que sin visados logres la felicidad.
sintiéndote ya ida.
All llegar la noche encontré tu frente fría
con la mirada caída y toda el alma en pena.
Ya mis ojos no encontraban eco en tus ojos,
ni tu mirar de mar azul era ya tu mirar
Tu voz de ternura antes era como suspiros
por seguir en esta vida.
Tu vientre por las malas células carcomido
ahogaba tu vivir de abnegación tan lleno
y en tu frente de la muerte el sudor presumido
anunciaba el fin de tu vida.
Tus pasos que antaño eran ágiles y seguros,
se han vuelto vacilantes, torpes y lentos,
topando como si en el aire hubiera muros
que rechazaban de vivir todos tus intentos.
Tú que siempre has sido comprensión, luz y servicio.
Encontrarás en la hora postrera a tu amigo
hincado de rodillas con fervor de novicio,
rogándote, Sina eterna, estés siempre conmigo .
Tú que siempre has ido por la vida vida dando,
te encuentras ahora sola sin fuerzas ni aliento
Solo se está cuando la muerte viene andando
sin más bagaje que mi plegaria en tu aposento.
Cuando logres traspasar del tiempo la frontera
y sola te veas cara a cara con la eternidad
repleta de buenas obras llevas la cartera
para que sin visados logres la felicidad.
El Paraiso Perdido
Vamos a la montaña, solitario amigo, vamos a dejar escapar por los horizontes nuestra mirada que está atrapada, y volviéndose opaca, por el ajetreo de la Ciudad. Allí, en la cumbre, subidos en un altozano, con los pinos del valle a nuestros pies, podremos sentirnos libres. Sentirnos, Seat filósofo, que poco más que una sensación es esto de la libertad
El hombre a los dieciocho años, sino a los 12, está ya hecho, predeterminado, empujado por la cuna a ser lo que va a ser. Todo lo demás son cantos de sirena, espejismos de aspiraciones, veleidades. Cuando el tiempo es ido todo son si es, elucubraciones de lo que sería si... añorando por volver atrás y empezar de nuevo para hacer distinto de como se haya hecho. Cada etapa, máxime si es antes de los treinta, está llena de `posibilidades', de futuros. Pero hay que optar y si lo haces siguiendo los imperativos de los que están al uso, caes en la vulgaridad de repetir monótona mente, aburridamente, estúpidamente, los pasos por los que cuantos te han precedido han ido.
El hombre a los dieciocho años, sino a los 12, está ya hecho, predeterminado, empujado por la cuna a ser lo que va a ser. Todo lo demás son cantos de sirena, espejismos de aspiraciones, veleidades. Cuando el tiempo es ido todo son si es, elucubraciones de lo que sería si... añorando por volver atrás y empezar de nuevo para hacer distinto de como se haya hecho. Cada etapa, máxime si es antes de los treinta, está llena de `posibilidades', de futuros. Pero hay que optar y si lo haces siguiendo los imperativos de los que están al uso, caes en la vulgaridad de repetir monótona mente, aburridamente, estúpidamente, los pasos por los que cuantos te han precedido han ido.
El sexo es algo déspota. Te crees libre y lo cierto es que para lo único que eres libre es para hacer lo que todo el mundo es libre: emparejarse y perpetuar la especie. Esclavitud de la especie. No importa el individuo. Sólo la especie. Se encarcela al individuo que amenaza la especie. Se margina al individuo que quiere obrar distinto. Se fijan los límites que enmarcan tus capacidades de opción. Y esto lo llamamos libertad. No hay más libertad que la de ser esclavos. Esclavos de toda la fuerza genética que llevas impresa en el núcleo de tu nombre, esclavos de la opinión de los demás, esclavos de los imperativos categóricos que se van formando en el clan, en la familia y en la sociedad. Nadie es libre, Seat amigo, nadie. Tu eres esclavo de mí y yo lo soy de ti. La amistad nos unce en la intimidad y ya nos debemos el uno al otro. Y esto es lo bonito. ¿Para qué queremos tú y yo ser libres si lo único a que aspiramos es a estar felices, disfrutando desde este altozano de la belleza del valle, del horizonte y del sol? Así, apoyado mi codo sobre tus achacosas espaldas acariciando nuestro pasado vivido juntos y un poco asustados ante el horizonte, cada día más cercano, donde la vida se funde con la tierra. El ser humano, cada vereda que inicia le empuja al paso siguiente y el siguiente al siguiente. Sólo unos pocos, los más inteligentes, logran escapar de las fuerzas que le van empujando a entrar por la senda por la que camina la familia o la religión o la sociedad. Por ello tú y yo, Seat compañero, nos escapamos de la Metrópolis y buscamos la soledad, que es donde más en compañía nos sentimos. La rebelión es lo único que nos hace sentirnos libres para caer en la esclavitud de la misma rebeldía. No, no hay quien escape. Tan tenues y sutiles son las fuerzas que operan sobre mente y voluntad, que en la creencia de que son creadas por ti, las obedeces, y una vez que has operado te das cuenta que has sido burlado una vez más: no eran tuyas, eran heredadas e impuestas. Solamente eres libre si obras y puedes corregir lo obrado. Pero no es tal la situación humana: obras y eres víctima de tu obrar. Adquirida conciencia de tal esclavitud surge la necesidad de la evasión: vino y sexo, dinero, drogas, suicidio. Nadie está satisfecho de cuanto ha obrado. Todos corregirían alguna plana vivida. Nadie se libera de esta vivencia de sentirse engañado, burlado. Sólo la amistad, la intimidad contigo compartida, Seat mustio, me hace sentirme libre, libre de otros afanes o amores, ya que el tuyo me basta.
Y llega la bajada de la pendiente. Has pasado los cincuenta. Imposible cambiar de cumbre. El peso de tu ayer es tal que tu hoy está cantado y tu mañana te tira con fuerza de gravedad. La huida es lo único que nos mantiene en pie. Mecanismos de supervivencia. Cerrar los ojos para no pensar. "La luz del sol no sabe lo que hace y por eso no erra y es común y buena". "El único sentido íntimo de las cosas es que no tienen sentido íntimo alguno" (Pessoa). Si no hay íntimo, no hay yo, no hay libertad, no hay elección: hay muerte.
Y llega la bajada de la pendiente. Has pasado los cincuenta. Imposible cambiar de cumbre. El peso de tu ayer es tal que tu hoy está cantado y tu mañana te tira con fuerza de gravedad. La huida es lo único que nos mantiene en pie. Mecanismos de supervivencia. Cerrar los ojos para no pensar. "La luz del sol no sabe lo que hace y por eso no erra y es común y buena". "El único sentido íntimo de las cosas es que no tienen sentido íntimo alguno" (Pessoa). Si no hay íntimo, no hay yo, no hay libertad, no hay elección: hay muerte.
Hablar con las Cosas
Hace años, después de conducir varios años un coche SEAT 124, llevando a mis hijos por las Galias, península ibérica, Portugal..., al-final de cada jornada, por la noche, me sentaba al ordenador para poner letras a mis recuerdos.
Me resultaban entrañables mis recuentros con el viaje. Me encontraba tan a gusto con estos diálogos que no cesé de hablar con mi coche. DIÁLOGOS CON MI COCHE llegue a llamarlos.
Por aquellas fechas yo tenía compromiso con agencia de noticias. Publiqué cosas muy variadas en varios periódicos de España. Varios fueron los diálogos publicados . A juzgar de los periódicos que los publicaban aprecié que era del agrado de los lectores de Baleares, Galicia y Castilla.
En varios de mis escritos aquí reproduciré varios Diálogos. El lector observará que el contenido no es nada anodino.
viernes, 27 de febrero de 2009
El susto
26.8.91
Hoy me has dado un susto, Seat compañero. Fue al salir de casa. Bueno, o te lo he dado yo a ti, viejo amigo, porque ya no sé si los contratiempos que tenemos son debidos a que estás achacoso o a que yo lo estoy más.
La verdad es que no creo hayas tenido tú la culpa, ni yo. Tenemos que defendernos el uno al otro. Ha sido él, ese modelo último de otra casa, que alardeaba de su juventud. Venía disparado, ¿te acuerdas?, cuando de repente apareciste tú. !Vaya susto que se llevó el tío! ¿Recuerdas los gritos que daba? !Cómo chirriaban sus pies ligeros, pero poco consistentes, al querer frenar! Al final tuviste tú que pararle con tu frente robusta y segura. Pero la hiciste buena! Le dejaste lleno de chichones todo el costado y tuerto. !Qué poco resisten los jóvenes de hoy! Un roce de nada y ya están para el cementerio. Tú, sin embargo, no te has hecho ni un rasguño. ¿O será que a tu edad los rasguños se confunden con las arrugas y no se muestran al exterior? En la vejez, colega mío, son muchos los sufrires que no se manifiestan porque se esconden tras las arrugas; pero ahí están haciéndonos, día y noche, compañía. !Qué solos se quedan los viejos! Suerte tenemos compañero, que nos podemos contar nuestras penas y hablar de nuestros recuerdos. Los jóvenes no tienen de qué hablar porque les falta pasado y todo en ellos es futuro. Si acaso algunas fantasías o conquistas de madrugada. También tú las tuviste, ¿recuerdas? !Cuántos caminos conociste cuando buscabas soledad en compañía! Pero ¿de qué estábamos hablando? Ah, sí, del susto de esta mañana. Es que estás acostumbrado a andar por la carretera como si no hubiera más y, ya ves, cada día tenemos más competidores que comparten la calzada. Aún me acuerdo cuando cabalgabas como potro descuidado por la pradera porque toda la carretera era tuya. !Cómo han cambiado los tiempos, viejo amigo! Todo el mundo ahora quiere pasear y además de prisa. Pero eso no es pasear, Seat viejo, eso es huir, buscar emociones que dan luego estos sustos. Pero yo no creas que lo tengo claro. ¿Es que tú y yo vamos despacio o es que tenemos un paso vacilante? El caminar despacio no es vejez, es madurez y reposo. El paso vacilante es propio de viejos que trompican y pueden caer. Tú no tienes paso vacilante, amigo de paseo, tú tienes una forma de caminar como quien dialoga en una tertulia. A nuestra edad, coetáneo compañero, la tertulia es sabrosa y tranquila. Sólo recuerdo.
Hoy me has dado un susto, Seat compañero. Fue al salir de casa. Bueno, o te lo he dado yo a ti, viejo amigo, porque ya no sé si los contratiempos que tenemos son debidos a que estás achacoso o a que yo lo estoy más.
La verdad es que no creo hayas tenido tú la culpa, ni yo. Tenemos que defendernos el uno al otro. Ha sido él, ese modelo último de otra casa, que alardeaba de su juventud. Venía disparado, ¿te acuerdas?, cuando de repente apareciste tú. !Vaya susto que se llevó el tío! ¿Recuerdas los gritos que daba? !Cómo chirriaban sus pies ligeros, pero poco consistentes, al querer frenar! Al final tuviste tú que pararle con tu frente robusta y segura. Pero la hiciste buena! Le dejaste lleno de chichones todo el costado y tuerto. !Qué poco resisten los jóvenes de hoy! Un roce de nada y ya están para el cementerio. Tú, sin embargo, no te has hecho ni un rasguño. ¿O será que a tu edad los rasguños se confunden con las arrugas y no se muestran al exterior? En la vejez, colega mío, son muchos los sufrires que no se manifiestan porque se esconden tras las arrugas; pero ahí están haciéndonos, día y noche, compañía. !Qué solos se quedan los viejos! Suerte tenemos compañero, que nos podemos contar nuestras penas y hablar de nuestros recuerdos. Los jóvenes no tienen de qué hablar porque les falta pasado y todo en ellos es futuro. Si acaso algunas fantasías o conquistas de madrugada. También tú las tuviste, ¿recuerdas? !Cuántos caminos conociste cuando buscabas soledad en compañía! Pero ¿de qué estábamos hablando? Ah, sí, del susto de esta mañana. Es que estás acostumbrado a andar por la carretera como si no hubiera más y, ya ves, cada día tenemos más competidores que comparten la calzada. Aún me acuerdo cuando cabalgabas como potro descuidado por la pradera porque toda la carretera era tuya. !Cómo han cambiado los tiempos, viejo amigo! Todo el mundo ahora quiere pasear y además de prisa. Pero eso no es pasear, Seat viejo, eso es huir, buscar emociones que dan luego estos sustos. Pero yo no creas que lo tengo claro. ¿Es que tú y yo vamos despacio o es que tenemos un paso vacilante? El caminar despacio no es vejez, es madurez y reposo. El paso vacilante es propio de viejos que trompican y pueden caer. Tú no tienes paso vacilante, amigo de paseo, tú tienes una forma de caminar como quien dialoga en una tertulia. A nuestra edad, coetáneo compañero, la tertulia es sabrosa y tranquila. Sólo recuerdo.
La Vida
Existe un aula en la vida
en la que no hay pupitres,
ni libros, ni tinta,
ni horarios de entrada y salida.
Un taburete
donde el abuelo se sienta,
no por estar cansado,
sino por adquirir la estatura niña.
Sólo hay palabras,
silencios,
miradas,
en las que,
a modo de encerado,
el niño encuentra sus raíces
y el abuelo su mañana asegurado.
El niño con su mirar
suscita la palabra
que hace nacer el cuento,
escucha el relato,
que hace el abuelo,
hace surgir la charla,
que ahuyenta soledades
y quita miedos.
El abuelo, que evoca su pasado,
en el niño que le sigue mirando,
descubre en tal mirada,
su misma mirada niña,
llena de
fantasía,
ilusión
y compañía.
Cuando la soledad se avecina,
levanta la voz el anciano, y grita:
-¡Carlooos!
-Aquí estoy abuelo, ¿qué quieres? –le contesta el niño.
-Dar un paseo.
-¡Vamos, coge la cachava!…
Cuando existe un niño
que ofrece ternura en una mano
y la cachava en la otra,
no hay artrosis que se resista,
ni lumbago,
ni caderas cansadas.
Ayudado por la fuerza imponente
que da la debilidad niña,
coge el abuelo la cachava y
fija esperanzado su vista en la llanura ,
donde en otros tiempos sembró entusiasmo y juventud y vida,
y ahora cosecha silencios
tallados en recuerdos
de trigales y cosechas, rastrojos y vides de recias cepas.
Sus pasos allí quedaron marcados en
huellas de amor y tristeza.
Con cada paso el niño hilvana
realidad y fantasía.
“Un paso más, abuelo” –le dice,
y el abuelo con ánimo lo da
aunque con dificultad,
como quien quiere tantear
el paso a la eternidad.
Con cada palabra el niño
agita recuerdos en el abuelo,
como agita la piedra las aguas en el lago,
aunando en las orillas del ahora
el antes y el después.
El niño se siente útil y contento
porque sabe que el abuelo le necesita
para levantarse de la silla
y salir a pasear,
mirar en la llanura los trigales y las estrellas
que están arriba, en el cielo, y animan a caminar..
El abuelo recobra el aliento,
inicia una sonrisa,
al sentir segura su mano
en la mano niña,
y da un paso más,
que alarga el camino al caminar
Detiene de pronto el paso,
como quien retiene la respiración,
y oye el chasquido del tiempo
en su roce con la eternidad.
Hoy y para siempre, mano a mano.
Lo eterno y lo que pasa, mano a mano.
La vida.
en la que no hay pupitres,
ni libros, ni tinta,
ni horarios de entrada y salida.
Un taburete
donde el abuelo se sienta,
no por estar cansado,
sino por adquirir la estatura niña.
Sólo hay palabras,
silencios,
miradas,
en las que,
a modo de encerado,
el niño encuentra sus raíces
y el abuelo su mañana asegurado.
El niño con su mirar
suscita la palabra
que hace nacer el cuento,
escucha el relato,
que hace el abuelo,
hace surgir la charla,
que ahuyenta soledades
y quita miedos.
El abuelo, que evoca su pasado,
en el niño que le sigue mirando,
descubre en tal mirada,
su misma mirada niña,
llena de
fantasía,
ilusión
y compañía.
Cuando la soledad se avecina,
levanta la voz el anciano, y grita:
-¡Carlooos!
-Aquí estoy abuelo, ¿qué quieres? –le contesta el niño.
-Dar un paseo.
-¡Vamos, coge la cachava!…
Cuando existe un niño
que ofrece ternura en una mano
y la cachava en la otra,
no hay artrosis que se resista,
ni lumbago,
ni caderas cansadas.
Ayudado por la fuerza imponente
que da la debilidad niña,
coge el abuelo la cachava y
fija esperanzado su vista en la llanura ,
donde en otros tiempos sembró entusiasmo y juventud y vida,
y ahora cosecha silencios
tallados en recuerdos
de trigales y cosechas, rastrojos y vides de recias cepas.
Sus pasos allí quedaron marcados en
huellas de amor y tristeza.
Con cada paso el niño hilvana
realidad y fantasía.
“Un paso más, abuelo” –le dice,
y el abuelo con ánimo lo da
aunque con dificultad,
como quien quiere tantear
el paso a la eternidad.
Con cada palabra el niño
agita recuerdos en el abuelo,
como agita la piedra las aguas en el lago,
aunando en las orillas del ahora
el antes y el después.
El niño se siente útil y contento
porque sabe que el abuelo le necesita
para levantarse de la silla
y salir a pasear,
mirar en la llanura los trigales y las estrellas
que están arriba, en el cielo, y animan a caminar..
El abuelo recobra el aliento,
inicia una sonrisa,
al sentir segura su mano
en la mano niña,
y da un paso más,
que alarga el camino al caminar
Detiene de pronto el paso,
como quien retiene la respiración,
y oye el chasquido del tiempo
en su roce con la eternidad.
Hoy y para siempre, mano a mano.
Lo eterno y lo que pasa, mano a mano.
La vida.
El Cares
Vamos a pasar unos días de vacaciones al norte, Seat obediente. En verano debemos buscar el aire fresco y la cima de las montañas. Te voy a enseñar los valles más bonitos que la orografía ha formado. Hace años que no voy por allí, y con frecuencia refresco mi hastío de ciudad marchándome con la imaginación a la Garganta del Cares. Es un lugar sagrado: grandes simas de misterio y alturas inaccesibles que rozan las nubes. Su dificultad de llegada reserva la belleza a unos cuantos escogidos con gusto y estética. El camino es abrupto y siento, Seat curioso, que no puedas acompañarme en todo el camino. Te lo contaré con detalle y obtendrás la percepción de haberlo visitado. Has de mantenerte seguro y ser muy obediente porque el precipicio nos acecha. He oído que han alargado el camino para que puedas llegar hasta el mismo pueblo de Caín. Si fuera así, me acompañarás, inseparable amigo, hasta donde te sea posible.
¡Pero este valle nos lo han cambiado, Seat sorprendido! Está hundido de tanta pisada sacrílega de montañeros profanos, visitantes de feria y fenicios de taberna. Este no es mi Cares, Seat asustado, esto parece una romería de gente aburrida incapaz de gustar la mística de las montañas, de gente que no soporta el silencio y llena de voces soeces las paredes naturales de este lugar de dioses y estetas. Oh Seat culto, maldigo a tus hermanos, que acercan a estos santuarios a profanos y blasfemos, que trituran a patadas lo agreste del lugar y llenan de ladrillos y carteles las fachadas de las casas. Esto no es el Cares, no lo es, esto es una procesión de desalmados e ignorantes que no distinguen la luz de la montaña de la luz de la ribera, el silencio del templo donde cumplen con Pascua del silencio sublime de la sierra. No volveré a esta montaña en verano, Seat curioso. No volveré hasta que la lluvia y la nieve laven de tanto desaguisado y tantas visitas las hoces divinas por donde discurre paciente el agua de estas montañas.
2001/7 de agosto.
¡Pero este valle nos lo han cambiado, Seat sorprendido! Está hundido de tanta pisada sacrílega de montañeros profanos, visitantes de feria y fenicios de taberna. Este no es mi Cares, Seat asustado, esto parece una romería de gente aburrida incapaz de gustar la mística de las montañas, de gente que no soporta el silencio y llena de voces soeces las paredes naturales de este lugar de dioses y estetas. Oh Seat culto, maldigo a tus hermanos, que acercan a estos santuarios a profanos y blasfemos, que trituran a patadas lo agreste del lugar y llenan de ladrillos y carteles las fachadas de las casas. Esto no es el Cares, no lo es, esto es una procesión de desalmados e ignorantes que no distinguen la luz de la montaña de la luz de la ribera, el silencio del templo donde cumplen con Pascua del silencio sublime de la sierra. No volveré a esta montaña en verano, Seat curioso. No volveré hasta que la lluvia y la nieve laven de tanto desaguisado y tantas visitas las hoces divinas por donde discurre paciente el agua de estas montañas.
2001/7 de agosto.
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