viernes, 27 de febrero de 2009

La Vida

Existe un aula en la vida
en la que no hay pupitres,
ni libros, ni tinta,
ni horarios de entrada y salida.
Un taburete
donde el abuelo se sienta,
no por estar cansado,
sino por adquirir la estatura niña.
Sólo hay palabras,
silencios,
miradas,
en las que,
a modo de encerado,
el niño encuentra sus raíces
y el abuelo su mañana asegurado.

El niño con su mirar
suscita la palabra
que hace nacer el cuento,
escucha el relato,
que hace el abuelo,
hace surgir la charla,
que ahuyenta soledades
y quita miedos.
El abuelo, que evoca su pasado,
en el niño que le sigue mirando,
descubre en tal mirada,
su misma mirada niña,
llena de
fantasía,
ilusión
y compañía.
Cuando la soledad se avecina,
levanta la voz el anciano, y grita:
-¡Carlooos!
-Aquí estoy abuelo, ¿qué quieres? –le contesta el niño.
-Dar un paseo.
-¡Vamos, coge la cachava!…
Cuando existe un niño
que ofrece ternura en una mano
y la cachava en la otra,
no hay artrosis que se resista,
ni lumbago,
ni caderas cansadas.
Ayudado por la fuerza imponente
que da la debilidad niña,
coge el abuelo la cachava y
fija esperanzado su vista en la llanura ,
donde en otros tiempos sembró entusiasmo y juventud y vida,
y ahora cosecha silencios
tallados en recuerdos
de trigales y cosechas, rastrojos y vides de recias cepas.
Sus pasos allí quedaron marcados en
huellas de amor y tristeza.
Con cada paso el niño hilvana
realidad y fantasía.
“Un paso más, abuelo” –le dice,
y el abuelo con ánimo lo da
aunque con dificultad,
como quien quiere tantear
el paso a la eternidad.
Con cada palabra el niño
agita recuerdos en el abuelo,
como agita la piedra las aguas en el lago,
aunando en las orillas del ahora
el antes y el después.
El niño se siente útil y contento
porque sabe que el abuelo le necesita
para levantarse de la silla
y salir a pasear,
mirar en la llanura los trigales y las estrellas
que están arriba, en el cielo, y animan a caminar..
El abuelo recobra el aliento,
inicia una sonrisa,
al sentir segura su mano
en la mano niña,
y da un paso más,
que alarga el camino al caminar
Detiene de pronto el paso,
como quien retiene la respiración,
y oye el chasquido del tiempo
en su roce con la eternidad.
Hoy y para siempre, mano a mano.
Lo eterno y lo que pasa, mano a mano.
La vida.

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