Ciprés de Silos,
fraile a la fuerza:
hoy movías tus brazos
hartos de tanta pureza.
Te han enclaustrado,
ciprés austero,
y te han vestido
con hábito de piedra.
Para tu consuelo
-y para tu engaño-
un chorro de agua
en el patio.
El peregrino se mira
en tu mirar al cielo
y el pájaro,
en tu estar tan quedo,
se cobija.
Yo, con Gerardo,
te canto.
Eres un solitario
cargado de siglos,
de salmodias y de cantos.
Te asomas por el tejado,
-quieres salir-
y quitado el hábito,
liberarte de austeridades,
de cilicios y gregorianos.
Sin horario de vísperas ni completas,
sin sombras de arcos;
sentir al aire entrarte
por los cuatro costados.
Mecer al viento
tus mil brazos
y mostrar tu cuerpo,
libre de harapos.
Ciprés solitario,
de arcos harto
y de salmodias engañado:
salta,
huye por el tejado
a juntarte con otros cipreses;
que de célibes es
soportar el claustro.
lunes, 2 de marzo de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario