lunes, 2 de marzo de 2009

Mi ciprés de Silos (2)

Ciprés de Silos,
fraile a la fuerza:
hoy movías tus brazos
hartos de tanta pureza.

Te han enclaustrado,
ciprés austero,
y te han vestido
con hábito de piedra.

Para tu consuelo
-y para tu engaño-
un chorro de agua
en el patio.

El peregrino se mira
en tu mirar al cielo
y el pájaro,
en tu estar tan quedo,
se cobija.


Yo, con Gerardo,
te canto.

Eres un solitario
cargado de siglos,
de salmodias y de cantos.

Te asomas por el tejado,
-quieres salir-
y quitado el hábito,
liberarte de austeridades,
de cilicios y gregorianos.

Sin horario de vísperas ni completas,
sin sombras de arcos;
sentir al aire entrarte
por los cuatro costados.

Mecer al viento
tus mil brazos
y mostrar tu cuerpo,
libre de harapos.

Ciprés solitario,
de arcos harto
y de salmodias engañado:
salta,
huye por el tejado
a juntarte con otros cipreses;
que de célibes es
soportar el claustro.

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