Tu hermanastra, Seat servicial, está en revisión. Ha cumplido cincuenta mil kilómetros y dice que necesita ir al mecánico. Los tiempos cambian, amigo mío, y las revisiones mecánicas se han hecho tan necesarias como las revisiones médicas. Así que hoy me tienes que llevar al trabajo. Te conduciré con suavidad, sin competencias. Ya sé que no te gusta adelantar. ¿No será porque te ganan los más modernos? No te preocupes, viejo amigo, que yo no te cambio por ninguno. Vienen muy bien equipados -dicen- llenos de electrónica y faros. Sólo es para presumir. Tú y yo, con dos ojos cada uno, tenemos suficiente. Aunque siento no tenerlos más agudos para ver a distancia la muerte. Ya sabes, Seat querido, que la velocidad va dejando cada día a muchos tirados en el asfalto. ¿Por qué querrá la gente morir tan de prisa? Tú y yo iremos despacio a ver muchos niños, llenos de risas y bromas. No te preocupes si te hacen algún guiño de chanza. Es que ya no te conocen. ¡Eres tan viejo!
Mira los pequeños, unos apenas si han dado los primeros pasos, otros son ya adolescentes y algunos ya están con su enamoramiento a cuestas. La vida, la vida, confidente amigo, sigue y sigue, aunque cada vez con menos instinto. Parece como si vinieran al colegio para aprender a vivir sin instintos que es lo mismo que sin ilusiones, porque las han ido perdiendo al convivir en un mundo desilusionado. Mira, ese que está tan triste es que ha suspendido geografía por no saber por dónde pasaba el Danubio; aquel, por haber olvidado el año de la batalla del Guadalete, y esos de ahí, por no saber distinguir bien el complemento directo del complemento circunstancial. ¡Qué tonterías perder la sonrisa un niño por no saber esas cosas! Pero es que aquí, en este país, se da mucha importancia a todo eso.
Apreciarás que vienen muy bien vestidos, con zapatillas y cazadoras de marca. El tener, amigo Seat, el tener es un distintivo que les compensa su pobre ser. No, no les atrae ilusión alguna. Unos estudian porque sus padres les dejen en paz y no haya disputas ni privaciones en casa; otros lo hacen para obtener la moto que les hace tanta ilusión y otros para ver si logran ganar mucho dinero como sus padres. Estas son las motivaciones dominantes en nuestros centros de enseñanza. La verdad es que hay que tener paciencia para llenar la cabeza de tanto pasado. Lo útil ha ahogado a lo bello y es que lo bello, Seat ilustrado, no se puede aprender; hay que mamarlo.
Mira los pequeños, unos apenas si han dado los primeros pasos, otros son ya adolescentes y algunos ya están con su enamoramiento a cuestas. La vida, la vida, confidente amigo, sigue y sigue, aunque cada vez con menos instinto. Parece como si vinieran al colegio para aprender a vivir sin instintos que es lo mismo que sin ilusiones, porque las han ido perdiendo al convivir en un mundo desilusionado. Mira, ese que está tan triste es que ha suspendido geografía por no saber por dónde pasaba el Danubio; aquel, por haber olvidado el año de la batalla del Guadalete, y esos de ahí, por no saber distinguir bien el complemento directo del complemento circunstancial. ¡Qué tonterías perder la sonrisa un niño por no saber esas cosas! Pero es que aquí, en este país, se da mucha importancia a todo eso.
Apreciarás que vienen muy bien vestidos, con zapatillas y cazadoras de marca. El tener, amigo Seat, el tener es un distintivo que les compensa su pobre ser. No, no les atrae ilusión alguna. Unos estudian porque sus padres les dejen en paz y no haya disputas ni privaciones en casa; otros lo hacen para obtener la moto que les hace tanta ilusión y otros para ver si logran ganar mucho dinero como sus padres. Estas son las motivaciones dominantes en nuestros centros de enseñanza. La verdad es que hay que tener paciencia para llenar la cabeza de tanto pasado. Lo útil ha ahogado a lo bello y es que lo bello, Seat ilustrado, no se puede aprender; hay que mamarlo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario