26.8.91
Hoy me has dado un susto, Seat compañero. Fue al salir de casa. Bueno, o te lo he dado yo a ti, viejo amigo, porque ya no sé si los contratiempos que tenemos son debidos a que estás achacoso o a que yo lo estoy más.
La verdad es que no creo hayas tenido tú la culpa, ni yo. Tenemos que defendernos el uno al otro. Ha sido él, ese modelo último de otra casa, que alardeaba de su juventud. Venía disparado, ¿te acuerdas?, cuando de repente apareciste tú. !Vaya susto que se llevó el tío! ¿Recuerdas los gritos que daba? !Cómo chirriaban sus pies ligeros, pero poco consistentes, al querer frenar! Al final tuviste tú que pararle con tu frente robusta y segura. Pero la hiciste buena! Le dejaste lleno de chichones todo el costado y tuerto. !Qué poco resisten los jóvenes de hoy! Un roce de nada y ya están para el cementerio. Tú, sin embargo, no te has hecho ni un rasguño. ¿O será que a tu edad los rasguños se confunden con las arrugas y no se muestran al exterior? En la vejez, colega mío, son muchos los sufrires que no se manifiestan porque se esconden tras las arrugas; pero ahí están haciéndonos, día y noche, compañía. !Qué solos se quedan los viejos! Suerte tenemos compañero, que nos podemos contar nuestras penas y hablar de nuestros recuerdos. Los jóvenes no tienen de qué hablar porque les falta pasado y todo en ellos es futuro. Si acaso algunas fantasías o conquistas de madrugada. También tú las tuviste, ¿recuerdas? !Cuántos caminos conociste cuando buscabas soledad en compañía! Pero ¿de qué estábamos hablando? Ah, sí, del susto de esta mañana. Es que estás acostumbrado a andar por la carretera como si no hubiera más y, ya ves, cada día tenemos más competidores que comparten la calzada. Aún me acuerdo cuando cabalgabas como potro descuidado por la pradera porque toda la carretera era tuya. !Cómo han cambiado los tiempos, viejo amigo! Todo el mundo ahora quiere pasear y además de prisa. Pero eso no es pasear, Seat viejo, eso es huir, buscar emociones que dan luego estos sustos. Pero yo no creas que lo tengo claro. ¿Es que tú y yo vamos despacio o es que tenemos un paso vacilante? El caminar despacio no es vejez, es madurez y reposo. El paso vacilante es propio de viejos que trompican y pueden caer. Tú no tienes paso vacilante, amigo de paseo, tú tienes una forma de caminar como quien dialoga en una tertulia. A nuestra edad, coetáneo compañero, la tertulia es sabrosa y tranquila. Sólo recuerdo.
Hoy me has dado un susto, Seat compañero. Fue al salir de casa. Bueno, o te lo he dado yo a ti, viejo amigo, porque ya no sé si los contratiempos que tenemos son debidos a que estás achacoso o a que yo lo estoy más.
La verdad es que no creo hayas tenido tú la culpa, ni yo. Tenemos que defendernos el uno al otro. Ha sido él, ese modelo último de otra casa, que alardeaba de su juventud. Venía disparado, ¿te acuerdas?, cuando de repente apareciste tú. !Vaya susto que se llevó el tío! ¿Recuerdas los gritos que daba? !Cómo chirriaban sus pies ligeros, pero poco consistentes, al querer frenar! Al final tuviste tú que pararle con tu frente robusta y segura. Pero la hiciste buena! Le dejaste lleno de chichones todo el costado y tuerto. !Qué poco resisten los jóvenes de hoy! Un roce de nada y ya están para el cementerio. Tú, sin embargo, no te has hecho ni un rasguño. ¿O será que a tu edad los rasguños se confunden con las arrugas y no se muestran al exterior? En la vejez, colega mío, son muchos los sufrires que no se manifiestan porque se esconden tras las arrugas; pero ahí están haciéndonos, día y noche, compañía. !Qué solos se quedan los viejos! Suerte tenemos compañero, que nos podemos contar nuestras penas y hablar de nuestros recuerdos. Los jóvenes no tienen de qué hablar porque les falta pasado y todo en ellos es futuro. Si acaso algunas fantasías o conquistas de madrugada. También tú las tuviste, ¿recuerdas? !Cuántos caminos conociste cuando buscabas soledad en compañía! Pero ¿de qué estábamos hablando? Ah, sí, del susto de esta mañana. Es que estás acostumbrado a andar por la carretera como si no hubiera más y, ya ves, cada día tenemos más competidores que comparten la calzada. Aún me acuerdo cuando cabalgabas como potro descuidado por la pradera porque toda la carretera era tuya. !Cómo han cambiado los tiempos, viejo amigo! Todo el mundo ahora quiere pasear y además de prisa. Pero eso no es pasear, Seat viejo, eso es huir, buscar emociones que dan luego estos sustos. Pero yo no creas que lo tengo claro. ¿Es que tú y yo vamos despacio o es que tenemos un paso vacilante? El caminar despacio no es vejez, es madurez y reposo. El paso vacilante es propio de viejos que trompican y pueden caer. Tú no tienes paso vacilante, amigo de paseo, tú tienes una forma de caminar como quien dialoga en una tertulia. A nuestra edad, coetáneo compañero, la tertulia es sabrosa y tranquila. Sólo recuerdo.

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