No quiero que mueras del todo, Seat. He donado tus órganos. Este era tu deseo cuando el jefe del taller nos informó de que tu final había llegado. Adiós, Seat fiel, amigo, compañero de tantas soledades y andanzas. Tú nunca morirás del todo puesto que permaneces en mi recuerdo.
Han querido empezar extrayendo los ojos, la matrícula y el distintivo de raza. Yo me opuse. "Eso lo último"-dije. ¡Hay que ver lo que nos cambia el perder los ojos! Es como poner un muro entre el alma y el cuerpo, entre la vida y la muerte. Decidieron, ante mi empecinamiento, comenzar por los órganos internos. El carburador, la bomba del agua, la de los frenos... "Pero si todo está bien, entonces ¿por qué su muerte?"‑me decía. Todos sus órganos parecían en buen estado pero faltaba la coordinación. Un órgano se cambia cuando envejece, pero la coordinación de todos no se puede cambiar. Es algo genético, donde está escrito el destino final. ¡Es la ley de la vida! ‑pensaba. Existir para dejar de ser. Otros nos seguirán. Pero sus servicios prestados son como libros escritos que ahí quedan para hablarnos de él. Estos son irrepetibles, nadie los puede sustituir. Seguirán habiendo sonrisas y lágrimas, pero no serán sus sonrisas ni sus lágrimas, serán otras, distintas. Nunca la especie logrará borrar el recuerdo del individuo por mucho que se prolongue en el calendario. Es la muerte como un divorcio de la vida donde los nuevos recuerdos, las nuevas vivencias, no conseguirán desvanecer las vivencias, ni los recuerdos habidos en el amor.
Han querido empezar extrayendo los ojos, la matrícula y el distintivo de raza. Yo me opuse. "Eso lo último"-dije. ¡Hay que ver lo que nos cambia el perder los ojos! Es como poner un muro entre el alma y el cuerpo, entre la vida y la muerte. Decidieron, ante mi empecinamiento, comenzar por los órganos internos. El carburador, la bomba del agua, la de los frenos... "Pero si todo está bien, entonces ¿por qué su muerte?"‑me decía. Todos sus órganos parecían en buen estado pero faltaba la coordinación. Un órgano se cambia cuando envejece, pero la coordinación de todos no se puede cambiar. Es algo genético, donde está escrito el destino final. ¡Es la ley de la vida! ‑pensaba. Existir para dejar de ser. Otros nos seguirán. Pero sus servicios prestados son como libros escritos que ahí quedan para hablarnos de él. Estos son irrepetibles, nadie los puede sustituir. Seguirán habiendo sonrisas y lágrimas, pero no serán sus sonrisas ni sus lágrimas, serán otras, distintas. Nunca la especie logrará borrar el recuerdo del individuo por mucho que se prolongue en el calendario. Es la muerte como un divorcio de la vida donde los nuevos recuerdos, las nuevas vivencias, no conseguirán desvanecer las vivencias, ni los recuerdos habidos en el amor.
Este es, mi cosuelo,
nuestro consuelo, ante el paso último: perpetuarse en alguien de alguna manera. Y allí seguí hablando conmigo mismo ‑ya que tú ibas dejando de ser como padre a la puerta del quirófano pero sin esperanza de tu renacer. Hasta la última pieza vi sacar de tus entrañas. Un chasis, una pierna aquí y la otra allá, los faros encima del capot de otro, reclinados sobre sí mismos, apagados, quietos. Mis ojos se cerraron sin yo notarlo, húmedos, tristes. Era el final. Descansa en paz con mis recuerdos y queden tus servicios grabados en el viento de Castilla, de Levante, De las Galias y de Portugal, que tantas veces te refrescaron, que en mi memoria ya lo están.
nuestro consuelo, ante el paso último: perpetuarse en alguien de alguna manera. Y allí seguí hablando conmigo mismo ‑ya que tú ibas dejando de ser como padre a la puerta del quirófano pero sin esperanza de tu renacer. Hasta la última pieza vi sacar de tus entrañas. Un chasis, una pierna aquí y la otra allá, los faros encima del capot de otro, reclinados sobre sí mismos, apagados, quietos. Mis ojos se cerraron sin yo notarlo, húmedos, tristes. Era el final. Descansa en paz con mis recuerdos y queden tus servicios grabados en el viento de Castilla, de Levante, De las Galias y de Portugal, que tantas veces te refrescaron, que en mi memoria ya lo están.

"...perpetuarse en alguien"... Tú lo has dicho. Y permanecer en el Universo de alguna manera, seguir existiendo. Esto es algo seguro, segurísimo. El mejor consuelo ante la muerte.
ResponderEliminarQué importa que venga lenta o rápida mientras no llegue; mientras no llegue hay que vivir CON GANAS, con nuestros amores, lo más intensamente posible. Recuérdalo ,querido Pepe, cada mañana.
Un fuerte abrazo.