Déjame, entrañable amiga, un poco más a tu lado para oír tu silencio tan cargado de recuerdos. Desde el año 69 han pasado ya unos cuantos años que han ido tejiendo nuestra amistad, formando una urdimbre afectiva que hace difícil saber dónde acaban tus sentimientos y dónde comienzan los míos.
Hemos regresado a casa, los cuatro, como huérfanos llorosos, sin más diálogo que el suspiro, sin más alivio que tu recuerdo. Hoy, mi casa -tu casa- está más pobre. Hoy, cada uno de nosotros está más solo. Pretendo trascender esta situación. Tu recuerdo, en la distancia, se agrandará; tu presencia en la ausencia, será más presencia. Misterio de la vida. Sorpresa de la amistad.
Quiero creer que los aires de nuestro León te darán nuevos bríos para remontar la subida al Monte Carmelo, que la presencia de los tuyos suavizará la pendiente y que la compañía de Blanca -misterio de mujer- te hará sentir más arropada, más segura.
Sábeme constantemente a tu lado, en actitud de escuchar, no sé si el ALELUIA de Händel o el REQUIEM de Verdi, o de los dos a un tiempo, porque tal parece ser el agridulce de nuestro vivir.
Hemos regresado a casa, los cuatro, como huérfanos llorosos, sin más diálogo que el suspiro, sin más alivio que tu recuerdo. Hoy, mi casa -tu casa- está más pobre. Hoy, cada uno de nosotros está más solo. Pretendo trascender esta situación. Tu recuerdo, en la distancia, se agrandará; tu presencia en la ausencia, será más presencia. Misterio de la vida. Sorpresa de la amistad.
Quiero creer que los aires de nuestro León te darán nuevos bríos para remontar la subida al Monte Carmelo, que la presencia de los tuyos suavizará la pendiente y que la compañía de Blanca -misterio de mujer- te hará sentir más arropada, más segura.
Sábeme constantemente a tu lado, en actitud de escuchar, no sé si el ALELUIA de Händel o el REQUIEM de Verdi, o de los dos a un tiempo, porque tal parece ser el agridulce de nuestro vivir.

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