sábado, 28 de febrero de 2009

El Paraiso Perdido

Vamos a la montaña, solitario amigo, vamos a dejar escapar por los horizontes nuestra mirada que está atrapada, y volviéndose opaca, por el ajetreo de la Ciudad. Allí, en la cumbre, subidos en un altozano, con los pinos del valle a nuestros pies, podremos sentirnos libres. Sentirnos, Seat filósofo, que poco más que una sensación es esto de la libertad
El hombre a los dieciocho años, sino a los 12, está ya hecho, predeterminado, empujado por la cuna a ser lo que va a ser. Todo lo demás son cantos de sirena, espejismos de aspiraciones, veleidades. Cuando el tiempo es ido todo son si es, elucubraciones de lo que sería si... añorando por volver atrás y empezar de nuevo para hacer distinto de como se haya hecho. Cada etapa, máxime si es antes de los treinta, está llena de `posibilidades', de futuros. Pero hay que optar y si lo haces siguiendo los imperativos de los que están al uso, caes en la vulgaridad de repetir monótona mente, aburridamente, estúpidamente, los pasos por los que cuantos te han precedido han ido.
El sexo es algo déspota. Te crees libre y lo cierto es que para lo único que eres libre es para hacer lo que todo el mundo es libre: emparejarse y perpetuar la especie. Esclavitud de la especie. No importa el individuo. Sólo la especie. Se encarcela al individuo que amenaza la especie. Se margina al individuo que quiere obrar distinto. Se fijan los límites que enmarcan tus capacidades de opción. Y esto lo llamamos libertad. No hay más libertad que la de ser esclavos. Esclavos de toda la fuerza genética que llevas impresa en el núcleo de tu nombre, esclavos de la opinión de los demás, esclavos de los imperativos categóricos que se van formando en el clan, en la familia y en la sociedad. Nadie es libre, Seat amigo, nadie. Tu eres esclavo de mí y yo lo soy de ti. La amistad nos unce en la intimidad y ya nos debemos el uno al otro. Y esto es lo bonito. ¿Para qué queremos tú y yo ser libres si lo único a que aspiramos es a estar felices, disfrutando desde este altozano de la belleza del valle, del horizonte y del sol? Así, apoyado mi codo sobre tus achacosas espaldas acariciando nuestro pasado vivido juntos y un poco asustados ante el horizonte, cada día más cercano, donde la vida se funde con la tierra. El ser humano, cada vereda que inicia le empuja al paso siguiente y el siguiente al siguiente. Sólo unos pocos, los más inteligentes, logran escapar de las fuerzas que le van empujando a entrar por la senda por la que camina la familia o la religión o la sociedad. Por ello tú y yo, Seat compañero, nos escapamos de la Metrópolis y buscamos la soledad, que es donde más en compañía nos sentimos. La rebelión es lo único que nos hace sentirnos libres para caer en la esclavitud de la misma rebeldía. No, no hay quien escape. Tan tenues y sutiles son las fuerzas que operan sobre mente y voluntad, que en la creencia de que son creadas por ti, las obedeces, y una vez que has operado te das cuenta que has sido burlado una vez más: no eran tuyas, eran heredadas e impuestas. Solamente eres libre si obras y puedes corregir lo obrado. Pero no es tal la situación humana: obras y eres víctima de tu obrar. Adquirida conciencia de tal esclavitud surge la necesidad de la evasión: vino y sexo, dinero, drogas, suicidio. Nadie está satisfecho de cuanto ha obrado. Todos corregirían alguna plana vivida. Nadie se libera de esta vivencia de sentirse engañado, burlado. Sólo la amistad, la intimidad contigo compartida, Seat mustio, me hace sentirme libre, libre de otros afanes o amores, ya que el tuyo me basta.
Y llega la bajada de la pendiente. Has pasado los cincuenta. Imposible cambiar de cumbre. El peso de tu ayer es tal que tu hoy está cantado y tu mañana te tira con fuerza de gravedad. La huida es lo único que nos mantiene en pie. Mecanismos de supervivencia. Cerrar los ojos para no pensar. "La luz del sol no sabe lo que hace y por eso no erra y es común y buena". "El único sentido íntimo de las cosas es que no tienen sentido íntimo alguno" (Pessoa). Si no hay íntimo, no hay yo, no hay libertad, no hay elección: hay muerte.

2 comentarios:

  1. Que decir?
    Solo puedo expresar mi alegría de tener un pedazo tio abuelo, como el que tengo!!
    Me siento orgulloso, dichoso de tener la suerte que tengo!
    Un fuerte abrazo:

    Iván Sánchez

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  2. Hola, soy María, la prima de Iván, estoy "enganchada" tu blog, también
    mi profesora y algunos amigos te "leen".
    Cuanta belleza, cuanta verdad en tus
    palabras, cuanta reflexíon y cuanta
    sabiduría...
    Recuerdo aquel día en el hospital cuando
    operaron a Raquel, tuvimos una charla y me
    abriste los ojos a muchos aspectos que me
    preocupaban en la vida, gracias por tus
    sabios y serenos consejos, hoy al leer
    "El paraiso perdido" he vuelto recordar,
    nunca está de más recordar cuando se evoluciona.
    Sin duda eres grande y un ser muy evolucionado.
    Gracias por SER y ESTAR.
    Un abrazo desde el corazón,

    María.

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